Entrevista a Javier Bezares, de Unión, Progreso y Democracia (LopezPastor.com)

Entrevista a Javier Bezares, de Unión, Progreso y Democracia (LopezPastor.com)

El entrevistado es Javier Bezares, miembro del Consejo de Dirección de un partido que, después de dar el gran salto hace unos años, ahora está pasando por un período de reflexión en pos de una profunda remodelación. Hablo, como no podía ser de otra forma, de Unión, Progreso y Democracia (UPyD). Javier es, además de responsable de relaciones con la sociedad civil de su partido, profesor de oboe, lenguaje musical y director de orquesta. Su perfil polivalente es lo que me ha llevado a ponerme en contacto con él para preparar esta entrevista, aunque para mí sea, más bien, una amistosa conversación sobre moral y política.

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Radiografía de un país polarizado

Radiografía de un país polarizado

Este martes 8 de noviembre vamos a vivir, sin duda, uno de los días más importantes de nuestra historia más reciente. Salvo sorpresa contra todo pronóstico, Donald Trump o Hillary Clinton se convertirán en el 45º presidente de los Estados Unidos.

Con estas elecciones se pondrá fin a meses de insultos y confrontación política. Y es que la demócrata Hillary Clinton saca poca ventaja en las encuestas a su principal rival, el republicano Donald Trump. Esta es la triste radiografía de un país polarizado.

Nadie parece recordar que hay más opciones en el menú. Se presentan también Joe Exotic, Jill Stein (del Partido Verde), Evan McMullinn y Gary Johnson (del Partido Libertario). Su Ley Electoral tampoco ayuda demasiado ya que, como cabe recordar, el partido ganador en un Estado consigue todos los representantes. De este modo se hace más compleja la representación de terceros partidos.

A nivel europeo parece haber más unanimidad. Según sondeos publicados por YouGov y Pew Research más del 86% de los ciudadanos sienten miedo ante una posible victoria de Trump. Mientras que Clinton cuenta con el respaldo del 59% de los europeos (casi 18 puntos menos que el actual presidente Barack Obama).

¿Por qué produce tanto rechazo Donald Trump? Nos encontramos ante una de las figuras más polémicas en las elecciones de Estados Unidos. Aunque en los últimos meses ha intentado controlar su lenguaje y comportamiento, de su boca han salido frases muy controvertidas.

Ha prometido deportar a todos los inmigrantes ilegales, especialmente a quienes lleguen desde México. Incluso ha amenazado con construir un muro costeado por los mexicanos. También se ha mostrado contrario a los ciudadanos musulmanes de Estados Unidos, como garantía de la seguridad nacional.

El magnate ha atacado a famosas de la televisión y ha apostado por incentivar las armas de fuego. Sin duda una de las frases más reveladoras es: «La posibilidad de que Hitler lograra sus objetivos habría disminuido si la gente hubiera estado armada».

También se le acusa de homófobo por sus palabras y hechos. En 1990 la revista Forbes publicó que la riqueza de Trump había descendido. Como venganza, tras la muerte del propietario Malcolm Forbes, desveló que vivía “abiertamente como homosexual”.

Espero que este martes triunfe el sentido común. Que no se permita que un machista, racista y homófobo consiga llegar a la Casa Blanca. Estados Unidos debe ser un país en el que todos sus ciudadanos vivan en igualdad y libertad. Independientemente de su origen, raza u orientación sexual.

Artículo publicado en Demokratia

Sí a Clinton

Sí a Clinton

Artículo de: Sergio Rupérez

En apenas 48 horas conoceremos los resultados de las elecciones estadounidenses, unos comicios que traspasan el ámbito nacional y que influyen en el devenir de nuestra sociedad global. Y es que EEUU sigue siendo, al menos hasta que se demuestre lo contrario, la potencia hegemónica en el mundo. La decisión que tomen finalmente sus ciudadanos tendrá por tanto un impacto clave en el ámbito internacional.

Todas las citas electorales en el marco norteamericano traen consigo siempre diversas particularidades en comparación a Europa, engrandecidas éstas por la espectacularización de las campañas, pero en esta ocasión los candidatos gozan de unas características que los diferencian del propio orden estadounidense tradicional. Por un lado, los demócratas presentan a Hillary Clinton, primera mujer en la historia de EEUU que opta a la Casa Blanca. Un novedoso guiño al creciente feminismo que inunda, a deshora, pero con intensidad, la realidad americana. La candidata es una vieja conocida del establishment, exprimera dama y exsecretaria de Estado, además de sólida activista, pues conoce mejor que nadie los resortes del poder y ha demostrado en innumerables ocasiones sus capacidades. Un animal político que desde sus inicios ha destruido estigmas sobre el, según algunos, superficial papel de la mujer en las altas esferas.

Clinton fue la sombra de Bill y después de Barack, pero nunca quiso adoptar un perfil bajo o secundario, hasta el punto que pudo ganar a este último en primarias, sino que se inmiscuyó intensamente en las resoluciones al más alto nivel convirtiéndose en una profesional de los asuntos de Estado. Con su flamante curriculum, parecía lógico que, retirado ya Obama, la demócrata apostara por conquistar el despacho oval. Lo que quizá nunca habría imaginado es que su sueño iba a estar amenazado por un factor subversivo: su oponente, el candidato republicano y showman, Donald Trump.

Sí, esa es la otra gran novedad, el líder que los conservadores, muy a su pesar vistas las últimas reacciones, han presentado. Un famoso gran empresario del juego, el ladrillo y el modelaje que, gane o no gane, ya ha revolucionado el mapa político americano con su retórica populista. Aunque cierto es que han existido numerosos presidentes con más sombras que luces, el caso de Trump es absolutamente inédito, pues recuerda más a un dictador de pomposidad fascista que a un presidente de la mayor Democracia del mundo. Durante la campaña el megalómano personaje se ha dedicado, además de a difamar y a enviar un mensaje sesgado y reaccionario, también a insultar a todos los que piensan distinto a él. Es decir, a alrededor de la mitad de la población americana y mundial. Un comportamiento intolerable que le desacredita como alternativa para ocupar la jefatura en Washington D.C.

Visto lo visto, es conveniente recordar que ambos candidatos tienen sus oscuridades, las vimos también con Clinton en temas sensibles como la Guerra de Irak, su elitismo congénito o ahora la polémica de los correos. Quizá Hillary no sea la mejor candidata en este momento, pues Bernie Sanders o incluso Michelle Obama parecían por su gran popularidad y pasado limpio, los adecuados para renovar el liderazgo demócrata. Pero es evidente que Clinton es la menos mala de las opciones en una coyuntura de crisis, radicalidad dialéctica y desencanto generalizado.

Pese a todo, cualquier persona pragmática con un mínimo de sentido común sabe que la candidata de Chicago ha de ser la opción ganadora. Hay muchas razones. Su preparación, su mirada cosmopolita, su defensa a ultranza del statu quo democrático, pero y, lo que es más importante, la imperiosa necesidad de evitar que un mezquino machista, homófobo y racista logre el poder universal. De su éxito depende que no condenemos a América y al resto del planeta a sufrir las consecuencias de ser gobernados por un tirano.

Un país progresista

Un país progresista

España necesita un partido político progresista que defienda la igualdad y la libertad de todos los ciudadanos. Es decir, iguales leyes para todos y todos iguales ante la ley. Pero ¿qué es exactamente el progresismo?

El pasado 12 de octubre, en una reunión que mantuve con la coordinadora de los jóvenes de Societat Civil Catalana, me explicaron que ellos sólo estudiaban la historia de Cataluña en Educación Secundaria Obligatoria. En un país progresista nuestros hijos reciben la misma educación, independientemente de la Comunidad Autónoma en la que vivan.

En un país progresista el colectivo LGBT tiene los mismos derechos en Asturias, Andalucía o Madrid. A veces uno se cuestiona si existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda.

Ser progresista es defender también una justicia para los jueces. Muchos políticos nos roban, se saltan nuestra Constitución y se ríen de nosotros. Imagina por un momento que estos comportamientos no quedasen impunes. Bárcenas, Griñán o Artur Más no camparían a sus anchas.

Progresismo también es defender con hechos los que otros prometen con palabras. Un claro ejemplo es el realizado por Gorka Maneiro quien, durante ocho años, ha sido la única alternativa constitucionalista en el Parlamento Vasco. Se ha opuesto a cualquier tipo de recorte en educación, sanidad o inversiones productivas.

Estos días ha saltado a la opinión pública el delicado estado en que se encuentra la hucha de nuestras pensiones. Siendo honestos, entre mantener a Rita Barberá o garantizar las pensiones a nuestros mayores yo me quedo con la segunda opción.

Por ello en un país progresista se fortalece el Estado del Bienestar recortando en gastos superfluos como las Diputaciones, el Senado, los cargos de confianza y los coches oficiales.

Como decía en mi introducción, España necesita un partido progresista. Y ese partido es UPYD. Porque no vinimos a vivir del cuento sino a trabajar por España. Y a ello es a lo que nos dedicaremos los próximos años.

Artículo publicado en Demokratia

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