Hemos tocado el cielo con el fútbol, el tenis, las carreras de coches, y además nos encanta presumir de que somos el país con más kilómetros de alta velocidad del mundo. Mientras nosotros llegamos antes a Barcelona, Valencia, Sevilla, siempre desde Madrid claro; o incluso a Cuenca, Requena, Albacete y Calatayud, el mundo nos mira con cara de que nos hemos vuelto locos.

La enajenación de la alta velocidad se ha convertido en un pozo sin fondo, y se plantean muchas incógnitas. ¿Hasta donde vamos a llegar? ¿Vamos a conectar todas las capitales de provincia en AVE? ¿En algún momento alguien pondrá sentido común a esta carrera que tenemos ganada durante décadas?

El Gobierno sigue utilizando esta construcción sin control para alardear de algo que a la larga no podremos costear. Ellos mismo se contradicen. Hace tan solo unos días, Fomento reconocía que Asturias tardará 30 años en rentabilizar los 3.300 millones que esta costando la variante de Pajares. ¿Seguro que es una obra prioritaria y necesaria en este momento?

Mientras núcleos reducidos de población disfrutan de una estación de alta velocidad, el eje económico vital de este país sigue sin una previsión clara de poder trabajar con este servicio. No solo de pasajeros, sino también del ancho de vía necesario para ser competitivos, en Europa y en el mundo.

Mariano Rajoy dice que invertirá 4.200 millones de euros en infraestructuras en Cataluña, entre ellas está el Corredor del Mediterráneo, una obra que tiene que unir Algeciras con la frontera francesa. Pero la obsesión de centralizar las comunicaciones por la capital sigue siendo latente. El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, tuiteaba hace unos días, “el corredor avanza. Castellón estará a 2h 25min de Madrid”. ¿El Gobierno quiere realmente potenciar la economía mediterránea?

Nuestra costa más turística sigue sin entender que para viajar de Valencia a Barcelona haya que pasar de una forma impepinable por Madrid. Esta obsesión de centralizar y de convertir la capital en el centro de todo, como ya lo es geográficamente, no lleva a ninguna parte; bueno sí, al saco de los comicios. Esta promesa electoral funciona y permite rascar varios escaños, que a día de hoy hacen mucha falta, cuando no se sabe gestionar bien las prioridades de un país.

Aleix Poblet, periodista en La Sexta Noticias.

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