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Voy a empezar con una rotunda afirmación: UPYD está en un momento crítico. Seguramente penséis que no os descubro en absoluto algo nuevo, pero es importante atender al significado de esa corta frase: crítico no significa muerto. Pese a que dé la impresión de que el partido esté acabado, o de que no merezca la pena trabajar por él, creo que la realidad dista de ser tan negra como parece: dos estupendas diputadas nos representan a todos los españoles en el Parlamento Europeo, un valiente diputado hace lo propio en el Parlamento Vasco, y 129 concejales en toda España se esfuerzan día tras día por dar lo mejor de sí mismos trabajando por los vecinos del municipio en el que han sido elegidos. Junto a estos representantes de la ciudadanía, arropándoles, miles de afiliados y simpatizantes.

Entre los que a día de hoy formamos parte de UPYD, hay quienes han permanecido en el partido desde los inicios; hay quienes se afiliaron o hicieron simpatizantes en los momentos de calma previos a la tempestad, y hay quienes tomaron la decisión en las horas más oscuras. En todos ellos hay un componente común, y es que las personas que integramos UPYD valoramos los hechos frente a la palabrería; valoramos la coherencia.

A día de hoy, no pocas personas han mencionado el riesgo de que afloren arribistas. Inevitablemente eso me hace mucha gracia, pues UPYD ya se vació en su día de muchos de ellos, y en el caso de que todavía queden algunos… ¿qué sentido tiene buscar cargos en un partido que está en una situación tan complicada como el nuestro? Lo lógico sería buscar en un partido que se encuentre en la cumbre de su popularidad como Podemos o Ciudadanos, pues seguro que allí encuentran quien les pueda ofrecer un puesto por sus servicios.

En UPYD, a día de hoy, no tiene ningún sentido pelearse con nadie por un sillón, pues las posibilidades de poder recibir un sueldo por un trabajo para el partido son ínfimas. Al contrario, el que está en UPYD sabe que tener un cargo dentro del partido implica dedicarle mucho tiempo libre al mismo (quitándoselo en parte a parejas, familiares, amigos, y estudios), sin cobrar absolutamente nada, o incluso aportando parte del propio dinero.

¿Qué nos pasa? ¿Trabajamos por un partido con un futuro difícil, sin cobrar, renunciando a un futuro prometedor en otra parte, y encima sacrificando mucho tiempo en detrimento de nuestro entorno más cercano? ¿Acaso estamos locos?
Locos no, pero lo cierto es que los magentas somos bastante cabezotas, pues hemos enfrentado adversidades que a cualquier otro hubieran tirado para atrás, y a pesar de ello ahí seguimos: como reza el dicho popular, “tenemos más moral que el Alcoyano”, y a mucha honra.

No abandonamos porque creemos que no existe otro proyecto que se pueda igualar a éste, que defienda las mismas cosas y de la misma manera que UPYD. A pesar de sus muchas imperfecciones, el proyecto político de este partido continua ilusionándonos a muchos, y ahora existe, una vez calmadas las aguas electorales (ojalá que no tengamos que volver a las urnas en una buena temporada), una posibilidad de que nos reorganicemos como partido y resolvamos todos los problemas que se habían ido acumulando porque no era el “momento adecuado para resolverlos”.

Somos luchadores, trabajadores, incombustibles, con fuertes ideales, y nos gustaría-y en esto creo que hablo por muchos- ver que los ciudadanos nos dan la oportunidad, en esta nueva etapa que hemos empezado, de demostrar que hemos cambiado a mejor y que nuestra manera de actuar va a ser muy distinta; que vamos a escuchar a la ciudadanía como se merece, y a tratar al afiliado como se debería haber hecho desde el principio, teniéndole en consideración y valorando su esfuerzo y sus sacrificios; que vamos a abandonar ese tono tan antipático que tristemente nos ha caracterizado desde el principio.

Hay quien dice que el partido va a caer en malas manos pero yo miro a quienes junto a mí están ilusionados y quieren emprender el camino por esta nueva senda, y pienso seriamente: ¿de verdad todos ellos son mala gente? Yo, desde luego, no tengo esa impresión.

Alejandro Charro