Seleccionar página

España necesita un partido político progresista que defienda la igualdad y la libertad de todos los ciudadanos. Es decir, iguales leyes para todos y todos iguales ante la ley. Pero ¿qué es exactamente el progresismo?

El pasado 12 de octubre, en una reunión que mantuve con la coordinadora de los jóvenes de Societat Civil Catalana, me explicaron que ellos sólo estudiaban la historia de Cataluña en Educación Secundaria Obligatoria. En un país progresista nuestros hijos reciben la misma educación, independientemente de la Comunidad Autónoma en la que vivan.

En un país progresista el colectivo LGBT tiene los mismos derechos en Asturias, Andalucía o Madrid. A veces uno se cuestiona si existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda.

Ser progresista es defender también una justicia para los jueces. Muchos políticos nos roban, se saltan nuestra Constitución y se ríen de nosotros. Imagina por un momento que estos comportamientos no quedasen impunes. Bárcenas, Griñán o Artur Más no camparían a sus anchas.

Progresismo también es defender con hechos los que otros prometen con palabras. Un claro ejemplo es el realizado por Gorka Maneiro quien, durante ocho años, ha sido la única alternativa constitucionalista en el Parlamento Vasco. Se ha opuesto a cualquier tipo de recorte en educación, sanidad o inversiones productivas.

Estos días ha saltado a la opinión pública el delicado estado en que se encuentra la hucha de nuestras pensiones. Siendo honestos, entre mantener a Rita Barberá o garantizar las pensiones a nuestros mayores yo me quedo con la segunda opción.

Por ello en un país progresista se fortalece el Estado del Bienestar recortando en gastos superfluos como las Diputaciones, el Senado, los cargos de confianza y los coches oficiales.

Como decía en mi introducción, España necesita un partido progresista. Y ese partido es UPYD. Porque no vinimos a vivir del cuento sino a trabajar por España. Y a ello es a lo que nos dedicaremos los próximos años.

Artículo publicado en Demokratia