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Artículo de opinión de Axel Sebastián

Una definición de Progresismo podría ser la tendencia pragmática que busca a través de las reformas generar cambios que sean favorables a la mayoría del pueblo, y que sus ciudadanos consigan mejorar sus estándares de vida, adquiriendo mayores derechos y libertades, en el marco de una Democracia representativa y participativa.

El progresista es diverso, es vanguardista y es plural:

Un progresista debe adherir al Pluralismo, entendido como la cooperación de todos los sectores para lograr mayores conquistas y consenso. Un político que hace del sectarismo una política de Estado, divide a la sociedad y rompe con el dialogo no es progresista, tampoco es demócrata.

Es Diverso en el sentido que comprende que la sociedad es variada y hay un sinnúmero de religiones, de géneros, de gustos u orientaciones (sean políticas, sexuales, etc.) y debe brindar protección y respeto a todos los individuos sin importar sus elecciones, porque la Libertad es uno de sus mayores valores.

Por otra parte es Vanguardista, ya que busca modificar los estándares establecidos, es decir superar el statu quo en el ámbito social y político.

Esas son algunas de las características que desde mi concepción debe tener una persona que se alinea tras el progresismo, por lo que definir dichas características es importante, pero sin duda alguna es la Honestidad (que debe ser, ante todo un valor, un pilar ideológico de los políticos) la que debe llevarse como un estandarte en la gestión pública de gobierno. La corrupción choca de narices con un proyecto progresista, es un anti-valor que no puede ser tolerado. De esta forma, la política argentina Margarita Stolbizer, líder del partido GEN (Generación para un Encuentro Nacional), brinda la siguiente definición:

Yo creo que el progresismo o los progresistas son los que pueden dar testimonio en su vida cotidiana. No es progresista el que tiene el discurso más bello y más florido de la izquierda, sino el que tiene una vida consecuente con lo que expresa. Por lo tanto aquellos políticos que son corruptos, se quedan con plata ajena, con plata del Estado o con plata de otros simplemente porque la distribución forma parte de un discurso vacío y no de los hechos, no deben estar en las filas del progresismo”

Así encontramos una definición de Progresismo desde el punto de vista de la moral y la honestidad, dejando a un lado los bellos relatos que no sirven de nada si no hay hechos que den cuenta de esas palabras dichas por determinado político. Sin duda alguna las políticas progresistas se ven a través de los hechos, no a través de discursos bien adornados con palabras bonitas. Un ejemplo claro es el gobierno que hasta el año 2015 dirigió la Argentina: el Kirchnerismo. Se trataron de 12 años de gestión, con logros innegables, pero con un relato sumamente alejado de la realidad del país. Se autodenominaban como progresistas, pero terminaron su mandato con 30% de pobres, cuando afirmaban que luchaban contra la pobreza y la exclusión, y con serias denuncias de corrupción e irregularidades gravísimas, cuando afirmaron que buscaban para la Argentina la transparencia institucional de Alemania. En resumen, se trató de un discurso finamente adornado, con pasión y bellas palabras, pero que chocaba seriamente con la realidad. Sin duda no es eso lo que el progresismo quiere, y tampoco es lo que la gente espera.

Lo que un verdadero progresista quiere es poner al progreso al servicio de los más desposeídos y de las clases desfavorecidas, logrando que estas asciendan en la escala social y sean de clase media. Los pobres no están para ser utilizados por el gobierno de turno, los pobres están para que sean de clase media, eso es garantizar el progreso. Hacer del progresismo un camino que guie y brinde protección para que haya menos exclusión y marginalidad es la gran tarea que los partidos políticos, que se posicionan como progresistas, tienen por delante. Tal como decía Franklin Roosevelt, uno de los grandes líderes del progresismo en Estados Unidos:

La prueba de nuestro progreso no es que aquellos que tienen mucho tengan más, sino que aquellos que tienen demasiado poco tengan más”

Entonces encontramos algo que sin duda mueve al progresismo mundial: la sensibilidad por las desgracias ajenas (o al menos de esa forma debería ser). Cualquier político progresista de cualquier rincón del Mundo, debería tener la intención de disminuir la pobreza y de garantizar los beneficios de la libertad, de lo contrario no se es progresista, se es reaccionario. Para esto el progresismo propone que el Estado debe generar las condiciones para que sea el esfuerzo humano la única variable que determine la desigualdad social. Además, mejorar la calidad institucional y educar para la Democracia y el Republicanismo es una tarea que no puede faltar en una agenda de gobierno progresista y en cualquier otro gobierno que busque profundizar en los valores de la Republica, la fraternidad y la hermandad.

En más de una ocasión expuse frente a mis amigos y familiares los pilares mencionados anteriormente, como lo son los de la Honestidad y la Sensibilidad social, y frente a eso ha surgido la cuestión del espectro político y donde ubicaríamos al Progresismo. Al mencionar las cuestiones relacionas con la distribución equitativa de la riqueza y la justicia social muchos han señalado al progresismo dentro de las políticas de izquierda o centroizquierda (donde yo me ubico), sin embargo es cierto que sectores de la derecha han implementado políticas que han generado progreso, desarrollo y una verdadera distribución de los recursos, siendo un ejemplo claro el square deal (un trato justo) impulsado por el vigésimo sexto Presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, del Partido Republicano. El square deal postulaba tres ideas fundamentales: la conservación de los recursos naturales, control de las empresas, y la protección del consumidor. Dichas ideas buscaban hacer frente a los graves problemas de sanidad que existían en las fábricas, hacerle frente a los grandes monopolios, acabar con la corrupción y la inmoralidad política, entro otros, dando como resultado un verdadero proyecto de progreso, convirtiéndolo a Roosevelt en el máximo exponente del Movimiento Progresista de su tiempo.

Así podemos ver que políticos pronunciados desde la derecha y la izquierda han ganado el mote de progresistas. Aquí encontramos un nuevo desafío, entender que las políticas de progreso pueden ser implementadas por cualquier presidente que tenga voluntad de generar un cambio y busque el avance en todos los aspectos. La fundadora y portavoz anterior de UPyD (Unión, Progreso y Democracia), Rosa Diez, señala al respecto:

Las políticas de progreso no son patrimonio de la derecha ni de la izquierda”

Es necesario señalar que aquellos políticos, sean de izquierda o derecha, que estén comprometidos con la causa progresista no deben jamás privar a los individuos de las libertades que por derecho le corresponden a cualquier persona, puesto que las Repúblicas nacieron para liberar a los pueblos de la opresión. Por lo tanto, aquellos que niegan la libertad de culto, de ideas, de género, de orientación sexual, no pueden jamás adherir al Progresismo.

Resta que diga lo siguiente, queridos correligionarios progresistas de España, Argentina y el Mundo. Seguimos un ideario que tiene por delante un futuro impresionante, y muy seguramente encontremos en nuestro largo camino dificultades y problemas que, con esfuerzo y determinación, lograremos superar. Otro miembro de UPyD, el gran filósofo Fernando Savater, señala a la “miseria y la ignorancia” como frenos en la búsqueda del progreso, y son sin duda las amenazas más grandes que pueden asechar nuestra lucha democrática. Pero si cada día, como ciudadanos o militantes políticos, debatimos y estamos despiertos frente a los peligros que la ignorancia y la miseria traen consigo, podremos mejorar la realidad y pasar a la Historia, como una ideología que ha tenido sus tropiezos y esperanzas pero que, cada vez que los tiempos se han tornado oscuros, nos hemos transformado en antorchas que han sabido vencer los embates de la Oscuridad.

Acerca del autor, Axel Sebastían Díaz:

Nací el 25 de mayo de 1997 en la localidad de Bahía Blanca, ubicada en la provincia de Buenos Aires, República Argentina, en el seno de una familia de clase media. Mi nacimiento se dio en un periodo muy duro, marcado por fuertes políticas de ajuste, flexibilización laboral, desarticulación del Estado y un crecimiento muy alto de la pobreza.

De pequeño era callado, solitario y prefería jugar solo con mis juguetes. Tiempo más tarde comencé a incorporar la lectura en mi vida diaria, comenzando con pequeños cuentos, seguido por novelas fantásticas al entrar en mi adolescencia, y luego me acerque a los textos de historia y política. Mi acercamiento a la historia se dio cuando tenía 17 años y cursaba 4º año de secundaria en el área de Ciencias Sociales, al mismo tiempo la pasión por los movimientos políticos de mi país y la política en general no tardaron en llegar, formando mis ideales y generando en mí un pensamiento más crítico de la realidad, que anteriormente ignoraba. Es así que afiance mis ideales y me identifiqué con las ideas de cambio, de progreso, con las reformas, con el cuestionamiento a lo establecido por los conservadurismos, y por el amor hacia la Democracia Progresista. No tarde en sentir gran respeto por varios políticos actuales y pasados, pertenecientes a la corriente socialdemócrata y progresista.

Me di cuenta que estudiar el pasado era mi pasión y que seguiría ese camino una vez terminada mi etapa en la escuela secundaria. Actualmente estudio profesorado de historia en el INSTITUTO SUPERIOR DE FORMACIÓN DOCENTE DR. JULIO CESAR AVANZA de mi ciudad natal.

 

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