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Artículo de Ernesto López Vallet, vicecoordinador adjunto de Joves de Societat Civil Catalana.

Al contrario que a muchos, a mí no me molesta admitir el éxito de la manifestación del 11S. Si bien es cierto que las cifras son significativamente inferiores a otros años, y que esta vez se han hinchado de forma bastante más descarada, siguen siendo las mayores manifestaciones que se han dado en la historia de Cataluña y los asistentes merecen todos mis respetos. Ahora bien, sí que me gustaría pedir a los líderes independentistas que vayan con cuidado, ya que, visto desde fuera, el movimiento que ellos dirigen comienza a mostrar ticks muy peligrosos.

Miren, no hablaré de los incidentes que tuvieron lugar durante la marcha de antorchas, ya que fanáticos los hay en todos los lados y de todos los colores, pero sí que es preocupante la tolerancia generalizada que gran parte del independentismo tiene hacia actitudes que en ocasiones rozan la xenofobia. Y podría hablar del Grupo Koiné, de la campaña de “España mata” de la ANC… pero hoy quiero referirme a la AMI (Asociación de Municipios por la Independencia), asociación que cuenta con el respaldo, no solo de los partidos independentistas, sino de buena parte de los simplemente catalanistas. Recientemente Laura Fàbregas, en el diario digital “Crónica Global” denunció sin complejos algunos de los párrafos supremacistas de los estatutos de dicha asociación como el siguiente:

“Es de todos conocido que este espíritu agresivo, excluyente e inquisitorial, apartó a España de las corrientes científicas, políticas y humanísticas que se desarrollaban en Europa y en América. Cataluña, sin embargo, continuó manteniendo su lengua, su cultura, su derecho, sus costumbres, sus instituciones y su conciencia nacional desde antes de la formación del mismo Estado español, dentro del cual Cataluña se ha encontrado incómoda y menospreciada, obligándola constantemente a luchar con armas diversas para mantener y hacer valer su ser y su identidad”.

Si me permiten, quiero detenerme en este párrafo un instante. Más allá de la desfachatez intelectual que arrastra, vamos a concentrarnos en las consecuencias que implican aceptar estas tesis. Si asumimos que existe un “nosotros” que por el solo hecho de ser parte de nuestro colectivo ya es intelectualmente superior a un “ellos”, estamos reconociendo explícitamente la supremacía de nuestro grupo. La pregunta aquí es: ¿Qué hace a nuestro “nosotros” superior a su “ellos”? El ser catalanes, la nacionalidad. Pues perdonen que lo diga, pero el discurso de “somos mejores que ellos porque hemos nacido aquí” es el que blande la ultraderecha xenófoba de toda Europa. Si cambiásemos “españoles” por “árabes”, estos podrían ser perfectamente los estatutos de PxC, el FN o Aurora Dorada.

Y miren, aquí no estamos ante cuatro gatos radicalizados, sino que el propio President de la Generalitat, Carles Puigdemont, fue Presidente de esta asociación. Como bien señala Fàbregas, 764 ayuntamientos catalanes (más del 80% del total) se han adherido a la AMI, después de que en el pleno se votase por mayoría absoluta. En absolutamente todos los municipios con mayoría independentista se ha aprobado sin discusión ni polémica la adhesión del ayuntamiento en cuestión a la AMI. Y miren, podemos tener diferentes opiniones sobre la independencia de Cataluña, eso es perfectamente legítimo, pero de allí a votar que estas barbaridades sean la ideología oficial del municipio hay un trecho.

Porque aquí no estamos ante el dilema de si queremos o no la independencia, el debate en cuestión es si nos creemos que los catalanes, por el solo hecho de serlo, somos una especie de raza superior al resto de los españoles. Y tengan en cuenta que todos los ayuntamientos que aprueban adherirse a la AMI están obligados a pagar una cuota anual a dicha asociación, lo cual tiene la misma lógica que hacer a un ayuntamiento socio del Barça, es decir, ninguna. No olvidemos que un alcalde es gestor circunstancial del ayuntamiento, no su dueño, y si simpatiza con estas doctrinas es perfectamente libre de darles él por su cuenta todo el dinero que quiera, pero si destina el dinero de todos los vecinos a ello está siendo un déspota.

Por eso me entristece tanto comprobar que ni un solo independentista se ha atrevido a decir “No” a la AMI ni a denunciar su evidente hispanofobia. En serio, me he puesto a buscar y no he encontrado un solo concejal de CDC, ERC o las CUP que en un gesto de dignidad democrática haga la más mínima crítica al supremacismo que esta asociación arrastra en sus estatutos o a la falta de calidad democrática que supone para Cataluña que los ayuntamientos rompan su principio de neutralidad subvencionándola. Y no solo independentistas, Ada Colau ha anunciado que piensa organizar una consulta para que Barcelona se adhiera a la AMI, e incluso el PSC ha votado a favor en varios municipios (Castelldefels, Terrassa…) a cambio del apoyo de los independentistas para gobernar.

Y todo esto es porque hace tiempo que en Cataluña cualquier insulto que se dirija hacia España o “el Estado Español” es tratado con mucha más tolerancia que una ofensa a cualquier etnia, religión, o cultura. El problema es que nos hemos acostumbrado a ver como normal aquello que no lo es en absoluto, y toleramos que se hagan cosas que cualquier persona con dos dedos de frente catalogaría de barbaridades. Si como sociedad continuamos tolerando estas actitudes, llegará un momento en que nos miraremos al espejo y diremos: “Joder, ¿en qué nos hemos convertido?”.

Ernesto López Vallet